Hay algo que solemos pasar por alto en clínica.
No todos los pacientes viven la realidad del mismo modo, de hecho, cada uno de ellos y de nosotros damos forma a lo que sentimos, a lo que nos ocurre, a lo vivido de una forma simbólica.
Algunos piensan.
Otros sienten.
Pero otros… reviven.
Y como ya os he comentado muchas veces me encanta estudiar al ser humano desde una perspectiva holística y en mi último viaje a Argelia visitando petroglifos y pinturas neolíticas descubrí que el hombre primitivo no imaginaba… vivía
Siguiendo la idea de Joseph Campbell, un autor que me fascina, el ser humano primitivo no diferenciaba claramente entre símbolo y realidad.
El mito no era una historia. Era una experiencia vivida.
Y a los niños les ocurre igual:
No pueden diferenciar lo que es su imaginación de la realidad…y cuando hay miedo esta realidad se vuelve monstruosa.
¿Y qué tiene que ver esto con la clínica?
Mucho más de lo que parece.
En el trauma —especialmente en el apego desorganizado— ocurre algo muy similar:
Lo que se vivió se convierte en un símbolo de rabia y miedo. Si recuerdas mi última newsletter es la forma del niño de sentir control.
El recuerdo no se recuerda…
se experimenta como si estuviera ocurriendo ahora.
Por eso:
- El paciente sabe que “no pasa nada” … pero su cuerpo entra en pánico
- Entiende racionalmente… pero no puede parar la reacción
- Recuerda… pero lo vive como presente
No estamos ante un problema cognitivo. Estamos ante un problema simbólico. Es decir, la forma de interpretar o simbolizar la realidad es patológica porque se aprendió a hacerlo de este modo cuando no había otras opciones mejores, y ahora que las hay la persona queda prisionera de sus símbolos o interpretaciones.
Cuando no hay distancia simbólica, no hay cambio
La terapia, en el fondo, no es solo comprender.
Es crear distancia simbólica.
Porque sin distancia:
- No hay reflexión
- No hay regulación
- No hay identidad
Y aquí es donde muchas intervenciones fallan.
Explican…
pero no transforman.
🃏 Las Cartas PARCUVE: devolver símbolo donde hubo realidad
Las Cartas Terapéuticas PARCUVE trabajan justo en ese punto.
No son solo una herramienta proyectiva.
Son una forma de:
- Externalizar la experiencia
- Ordenar la biografía
- Introducir distancia
- Reconstruir identidad
Cuando el paciente selecciona, ordena y narra sus cartas…
empieza a hacer algo que antes no podía:
separarse de lo simbólico y poder revivirlo desde otra interpretación, puesto que la persona que soy ahora no es la misma que vivió aquello
De revivir… a representar
Ese es el cambio terapéutico profundo.
Pasar de:
- “esto me está pasando”
a:
- “esto me pasó”
y finalmente:
- “esto forma parte de mi historia”
